Caminar por caminar

Villa Traful - Caminar por caminar

Una transgresión propiamente dicha es una práctica que rompe el statu quo, el conservadurismo cotidiano, el discurso hegemónico en un contexto social que privilegia la mercancía, la rentabilidad, la eficacia financiera, el tener por sobre el ser.

Transgredir puede ser condenable, cuando significa ir contra las leyes, o puede tener una connotación positiva si lo que rompemos son normas culturalmente establecidas, como prejuicios o tabúes.

El día a día argentino está durísimo. La economía atraviesa todos y cada uno de los ámbitos en los que nos desarrollamos, y eso repercute en cada obrero, comerciante, empresario, conductor, deportista, artista, peón, transportista, docente e incluso en los ñoquis que viven como asesores prendidos de la teta de algún político o acomodado de turno. En resumen, vivimos nerviosos.

Y los nervios nos apuran. Es como que funcionan así, si estás nervioso estás apurado. A veces estoy apurado para dormirme, porque quiero dormir mucho y se me pasa el tiempo. Otras veces estoy apurado mientras entreno. Hago ejercicios incluso en el descanso entre un ejercicio y otro. Creo que aprovecho el tiempo, pero en el fondo es porque estoy apurado. Es insólito, pero veces estoy apurado para dedicarme a no hacer nada. Suele ocurrir. No se rían de mí, vivo en una ciudad en la que la gente se apura para llegar al trabajo, pero cuando llegan lo primero que hacen es preparar mate o café. Son apuros injustificables, relacionados más con un modo de vida que con una urgencia real. Son nuestros hábitos instalados que tienen su raíz en la lógica productiva que mueve el mundo. Apurate, tenes que ser eficiente. Producí. Consumí. Dale que podes más. Compralo. Estar al pedo es malo. Tenes que meterle, en todo, en todo lo que hagas metele. Más, más y más.

En sintonía con toda esta locura descubrí que caminar es una práctica transgresora por excelencia. No precisamente caminar para tener buena condición física, caminar como ejercicio. Sino caminar en modo contemplativo, caminar disfrutando el paso a paso. Caminar sin apuro, a contramano de las bocinas que avanzan a puro golpe sonoro por los ríos de cemento.  Caminar observando, dedicando atención a las cosas, a las personas, a los lugares.

Al principio se siente raro. Es hasta incómodo. Porque uno mismo se juzga, te das cuenta que caminas por caminar, porque no vas a ningún lado. Y parece un sinsentido. Por qué caminar, para qué gastar suela, para que gastar energía, para qué gastar tiempo. Pero caminar en modo contemplativo es como sacar la reposera a la vereda sin otra compañía que un mate, o un perro. (Hace pocos días vi a un señor de unos 70 años que estaba en la vereda, en su reposera, pero mirando el celular. Me hizo ruido. Son extraños este tipo de señores con arrugas de más de siete décadas pero absorbidos por la modernidad digital.) El ejemplo que doy es con los viejos posta, esos que se sientan afuera a ver qué pasa, o quién pasa, o a tomar aire como una simple excusa, porque a veces en los pueblos no pasa nada de nada.

Transgredir dando un paso tras otro en este mundo loco lleno de todo y en el que todos buscan transgredir teniendo, siendo, reflejando o mostrando, requiere de un enorme esfuerzo por despojarse de todo tipo de apuro. Caminar porque sí, observando los árboles, los perros, el cielo, los gatos, los caminos, las nubes, la mugre, la locura de la ciudad. Caminar observando y con tiempo para la contemplación, para la conexión con el entorno. Transgredir no porque hay que ser transgresor, sino porque es una pausa que nos hace bien.

Vivimos demasiado apurados. Podemos caminar. Te vas a convertir en un loco, un loco hermoso que camina por caminar.

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