Juntos

Hace unos días un amigo que es papá me contó que suele insistirle a su hijo de 15 años con que tome sus clases de piano, con la importancia de la música para su vida. Su argumento es que la música lo va a acompañar siempre, y eso aparenta funcionar como calmante para todos los que somos padres y sentimos que nuestros hijos van a necesitar nuestra compañía eternamente.

Resulta que Pablo, mi amigo, fue a un show en el que su hijo Valen tocaba el piano, como cierre de año del taller de música al que asiste. Valen le había pedido que se siente cerca de él, porque le hacía bien, le daba seguridad.

Pablo es ingeniero, no tiene ningún tipo de problema con llegar a fin de mes porque su trabajo es muy bien remunerado. Vivió en su vida decenas de experiencias fuertes, y laboralmente fue empresario y tiene un notable currículum. Pero hoy, su trabajo, no lo llena. Por eso busca y busca en diferentes terrenos conectar un poco más con actividades que hagan brillar su esencia. Una de ellas es percusión, y cuando dio su primer show de percusión lo definió como “el día más feliz de su vida”.

Cuando Pablo buscaba un lugar para sentarse cerca de Valen encontró un cajón peruano. Un instrumento hermoso que entre otras cosas puede funcionar como asiento. Y se sentó. Y comenzó el show de Valen y Pablo empezó a tocar el cajón peruano. Y Valen lo miró a su papá con los ojos desbordados de felicidad, y el profesor de Valen le hizo señas a Pablo para que se anime, para que siga tocando. Ambos hicieron música, juntos.

Terminó el show y Valen abrazó a su papá, llorando, por la emoción.

Compañía

Rosana trabaja conmigo. Rosana tiene un nieto que la derrite y saca lo mejor de ella. Su nieto, Ciro, juega a las bochas. Su abuela es su hinchada, su fan número uno, y lo acompaña siempre. En las canchas de bochas no es como en las del fútbol, no suele haber nadie. Y Ciro, antes de cada tiro, busca con la mirada a su abuela. Ciro es bueno, juega bien, no falta a ninguna práctica. Hace poco ganó un partido contra otro niño y además de su abuela estaban su mamá, su papá y otros familiares. Me dijo Rosana que la alegría de Ciro los emocionaba a todos. Si bien ya había ganado otras veces, en esta oportunidad su familia estaba presente, acompañándolo.

Reflejo

Podría contar muchas anécdotas de este estilo con Juana, mi hija. Pero quiero contar una mía, que ya no soy un niño. De los 15 a los 30 años quise ser músico, estudié Composición Electroacústica en la Universidad de Quilmes, Sonido y Grabación en la Escuela de Música de Buenos Aires, tocaba la guitarra y me lo tomaba muy en serio. Cuando vi que me costaba ganar dinero decidí estudiar otra cosa. Me incliné por el periodismo. Fui a la UBA, me faltaron 12 materias para recibirme en Ciencias de la Comunicación. Me recibí de Periodista en TEA. Colaboré con algunos medios y tuve mi propio sitio digital de noticias, y una radio. Luego por diferentes razones dejé de hacerlo. O sea que entre los 30 y los 40 años aproximadamente pensé en periodismo, en escribir cada vez mejor, en hacer buenas entrevistas, en eso. Escribí un libro, y si bien soy, no me siento escritor.

Ahora soy comerciante.  Tengo una panadería que era de mis abuelos y luego de mis padres. En la panadería mi papá siempre laburó como un perro. Y mi mamá atendió el negocio mañana y tarde durante 25 años. En mis recuerdos mamá siempre, pero siempre, estaba leyendo. Pilas de libros que sacaba de las bibliotecas o compraba. Y se acostaba a descansar no más de una hora a la siesta, pero antes leía.

El punto es que desde que aprendí a leer nunca dejé de hacerlo. Leo y leo, más libros en un mes o menos libros. Pero siempre leo. Y nadie me dijo jamás que lo haga, ni me hablaron de sus beneficios. Para mi es normal. Creo que es porque siempre mi mamá estuvo leyendo. Mi papá, cuando su vida le permitió tener más tiempo, demostró también ser un lector voraz.

No estoy enfocado en ser músico, y tengo al periodismo bastante relegado. Estoy escribiendo una novela hermosa, aunque voy muy lento. No me siento escritor, ni músico, ni periodista, ni comerciante. Pero soy un poco de todo eso. Me siento papá. Y leo. Siempre leo. Y Juana lee, aún existiendo la tablet, Youtube y Netflix. Juana lee. Si tuviera que definirme por algo que siempre hice diría que soy lector.

Mi aprendizaje de estas y miles de situaciones como estas es que no hay absolutamente nada en el mundo más importante que el ejemplo, porque somos según aquello que nos rodea cuando crecemos.

Juana leyendo

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