Hace tiempo que no escribo acá en Tierra Amiga, lugar en el que decidí escribir por puro gusto, sin frecuencia, guiado únicamente por la motivación de hacer algo que me gusta, que es contar cosas que valen la pena. Pero pasa el tiempo y no escribo nada. Eso me jode, me da culpa. Me pregunto si está bien hacer las cosas cuando tengo ganas de hacerlas, o si debo ser disciplinado y escribir aún sin ganas. Me genera mucha ansiedad, porque siento que no hago lo que debería hacer, que no soy lo que debería ser.

A veces me siento rebalsado de presiones. Tengo que ganar cada vez más dinero, ser buen padre, ser exitoso, ser buen hijo, cuidarme a mí mismo, ser buen compañero. Esforzarme por todos, e incluso por mí. Me siento en la apremiante necesidad de elegir entre lo que quiero y lo que debo. Y muchas veces no quiero nada.

Cumplo con muchas de esas exigencias y hasta holgadamente. Llevo adelante un negocio familiar que funciona bien, con todo lo que eso implica en Argentina a fines del 2023, a tan solo 2 años de una cuarentena demoledora. Mi hija es segura, sana, creativa, ríe a carcajadas. Mi compañera me elige todos los días, y yo a ella. Mis papás están agradecidos por lo que hago por ellos, yo 10 veces más. Entreno 4 ó 5 veces por semana. Mejoré mucho mis hábitos alimenticios, aunque me cuesta sostenerlo.

Y diseñé este sitio hermoso, llamado Tierra Amiga, con mis propias manos. Construí cada ladrillo de esta hermosa página, le sumé redes sociales y puse muchas horas para que funcione. Así y todo, a veces siento que no tengo ganas, que no vale la pena, que las redes me tienen recontra podrido, que la gente está muy loca y no hace falta más contenido, aunque me haya propuesto crear contenido “con alma”.

Algunas cosas sí tengo ganas. Tengo ganas de jugar mejor al tenis de mesa. Tengo ganas de caminar por las sierras. De andar en bici por caminos rurales. Quiero aprender a sacar buenas fotografías. Quiero hacer yoga. Quiero respirar mejor. Extraño nadar. Tengo muchos libros buenos para leer, y leo menos de lo que quisiera. Tengo ganas de estar dos meses solo, bien solo, hasta cansarme de mí mismo si es que eso pasa.

No tengo ninguna moraleja, ninguna conclusión, ninguna enseñanza. Es lo que me pasa. Hago mucho, pero siento que es poco. Soy feliz, vivo en paz. Pero suelo estar nervioso y ansioso.

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