“Para el que mira sin ver, la tierra es tierra nomás” (Atahualpa Yupanqui)

Disfruto mucho sentarme con el mate y leer sitios, ver videos o escuchar podcast. Pero navegar a veces termina en naufragio, porque no encuentro rutas en los mares de la web.

Los medios más masivos de información se repiten en una fórmula que no me atrae, por su falta de sensibilidad, por su lógica mercantil, porque reflejan masivamente intereses superficiales y dañinos.

Según la definición clásica una noticia es un hecho relevante que interesa a un amplio número de personas. Recuerdo, en sintonía con esa definición, las pregunta de un gran profesor que tuve en la facultad:

“¿Por qué entonces una poesía no es una noticia?”

Siempre detrás de cada hecho está la condición humana, en palabras de Onetti, “los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene”.

Trabajé durante años como periodista. Al principio con mucho entusiasmo, luego perdí la motivación porque lo que informaba era casi siempre lo mismo, noticias sin alma. Ese periodismo ya no me interesa y estoy convencido de que a miles de personas tampoco.

En la literatura encontré mucho más corazón. Pero también mucha cáscara, demasiado brillo que no transmite nada. La palabra debe ser significativa, sencilla y bella. Tal como aprendí de otro gran maestro de la palabra.

En la unión de literatura y periodismo está la clave. Es un desafío enorme por lo pretencioso, pero sencillo si no me desvío del camino. Es ni más ni menos que intentar reflejar la esencia de los hechos, la ternura que nos impulsa a la acción.

En Tierra Amiga no hay dinero de por medio, no hay actualidad, no hay frecuencia ni manual de convenciones a respetar.

Hay solamente una enorme necesidad de trabajar en lo que me gusta poniendo mucho corazón.

Todo arde si le aplicas la chispa adecuada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *